Capítulo 1

Qué momento tan exquisito. El sol radiante, un viento cálido, hasta los pájaros con su cántico celebraban el ascenso de Andrés. Nada mal para sus 26 años y a unos pocos meses de contraer matrimonio con Hannah. Las puertas de los cielos se abrían para esta hermosa pareja. Imposible imaginar  sus vidas 20 años más tarde.

Esa época del enamoramiento les invadía las fibras no solo corporales, sino cerebrales. La palabra divorcio no existía en su vocabulario.  Menos la traición, los celos, la desesperada rutina, los días interminables frente a una computadora y la soledad del alma que vivían otros matrimonios.  Nada que podía enturbiar la frescura de ese amor juvenil.

Hanna tenía una extraña corazonada. Sumida en sus pensamientos imaginaba escenas extrañas, espantosas. Divagaba entre lo real y lo absurdo. «Estoy sudando frío, amor. Necesito comerme algo dulce».

-«Vamos al super. Tranquila, será que no desayunaste bien»?.

-«No se, tengo miedo. Como si algo malo fuese a pasar. Se que todo entre nosotros está bien. Te acaban de ascender. Estoy muy bien en el trabajo. Pero me siento muy intranquila».

Siguieron en ruta. Luego de comerse algunos caramelos, su ánimo mejoró. No así, la tranquilidad de su alma.

Tarde de Pocker

-Abuela, gritó Diego. El nieto menor de Hannah. Puedo salir a jugar?

Ella no contestó. Inmersa en su juego de cartas. Otro viernes más se reunía con sus viejas amigas y otras mujeres más jóvenes para una buena partida de Pocker, algunos tragos y compartir sus experiencias.

Tenía un talento muy particular para hechizar a la audiencia. Imposible no ponerle atención. Con una vos firme, poco cálida y muy realista, esparcía perlas de sabiduría.

Marcela intuía que  debía  estar ahí esa tarde. Con inmensos enredos matrimoniales fue el último recurso que encontró.  Pasar un rato jugando cartas y compartir con otras mujeres.

-Te conozco?, le preguntó Hannah.

-No señora. Me invitó doña Luisa. Mi vecina. Dice que acá se van las penas. Y estoy a punto de firmar el divorcio.

-Por razones de dinero?, preguntó Hannah.

-Cómo lo sabe?

-El 80% de los causales de divorcio vienen por la billetera.

 «Cuando nos casamos, la euforia del enamoramiento nos nubla la razón. Sigo sin entender por qué Dios hizo esta etapa tan peligrosa. Hace que uno vea al otro perfecto y pase por alto miles de advertencias. Debería ser al contrario. Que el amor, la pasión y el enamoramiento comience a ser cada vez más intenso conforme pasan los años y las experiencias. En fin… Misterio sin resolver.

«Lo que puedo decirte es que desde que lo conociste ya sabías quién era. Tu instinto no te mintió. Intuías que era un poco patán, desentendido. Egoísta. Algo violento.  Estoy en lo correcto o me equivoco?», dijo Hannah.

Marcela estaba helada de asombro. Cómo sabe esta señora, que me ve por primera vez, la personalidad de Ricardo (pensaba).

-No soy bruja. Simplemente, cada mujer es el reflejo del hombre que tiene a su lado. Es fácil ver tu dolor, comentó Hanna.

Eso sucede a la inversa también.

Las billeteras son un fiel reflejo de lo que pasa en la intimidad de una relación. Vemos vidas llenas de éxito, cosas materiales en abundancia. Viajes por acá y por allá. Pero, matrimonios inmersos en la soledad.

En una relación sin vida y al borde de abismo porque se descuidó lo más importante.  No se trata únicamente de una relación personal con Dios (eso es fundamental). Es algo más práctico y sencillo pero que todos damos por hecho. 

Adivina en el próximo Capítulo qué es ese algo? que todos damos por hecho. Pero que pone en jaque las billeteras y los matrimonios. 

Te espero el próximo jueves  a las 6:30 pm (hora Costa Rica) en mi programa en vivo: Consultas con la Dra. Finanzas, por mi canal de You Tube.

Y Recuerda: Organízate, Invierte y Sé Libre

 

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