¿Qué se supone que tengo que hacer con todo mi dinero?… mi yerno es administrador. Con su salario no podrían pagarle buenos colegios a mis nietos y mi hija es maestra; sumando ambos salarios jamás podrían vivir en un buen condominio. Yo no le debo a nadie. Tengo un buen seguro. Nada me cuesta procurar que mis nietos tengan mejor futuro ”, aseguró Doña Paquita, una empresaria retirada y dueña de una cadena de laboratorios.
Así como doña Paquita muchos papas deciden seguir con las ayudas económicas a sus hijos aún después de que partieron de casa. Lo que esos padres de familia ignoran es que sus buenas intenciones solo están dándole vida a un “parásito” financiero.
De acuerdo con las investigaciones realizadas por Thomas J. Satanley y William D Danko, ambos autores del libro el Millonario de la Puerta de Al Lado (un amplio estudio que recopila el comportamiento de más de mil millonarios en el mundo), los padres de familia que ayudan, económicamente a sus retoños, están provocando los siguientes conductas de parásitos:
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Razón #1: Regalar dinero genera más consumo y menos ahorro e inversión: “Quienes reciben esas ayudas tienen, con frecuencia, poca capacidad para generar ingresos. Los ingresos del receptor de la ayuda no aumentan al mismo ritmo que sus gastos”, señala la investigación de Stanley.
“Los padres ricos a veces les pagan a sus hijos una vivienda. Es posible que su intención sea la de ayudarles a “comenzar con buen pie”. Pero las casas caras suelen estar ubicadas en barrios que requieren más que el mero hecho de pagar la hipoteca.”
“Para encajar en ellos, hay que “adecuarse a la situación”, en lo referente a la ropa de vestir, jardinería, mantenimiento del hogar, automóviles, muebles, escuelas y así sucesivamente. Así pues, el regalo de un pago inicial, puede incorporar al destinatario en una cinta de consumo y llevarle a una dependencia continua del donante”, dice el libro El Millonario de la Puerta de Al lado.
Razón #2: Quienes reciben dinero de sus padres, por lo general, nunca acaban de distinguir entre su patrimonio y el de sus progenitores: fue Tony Montage, un director financiero, quien lo dijo de manera magistral: “Quienes reciben dinero…, los hijos de los ricos tienen la idea de que el capital-patrimonio de sus padres son sus ingresos…, unos ingresos para ser gastados”.
Y el gran problema es que la gente que se considera rica tiende a gastar. “De hecho, estadísticamente, son tan proclives a considerarse ricos como los que realmente lo son, sin recibir ayuda económica”, señala la investigación llevada a cabo en más de una década.
Razón #3: Quienes reciben dinero de sus padres dependen mucho más de los créditos que los que no reciben ayudas: Esta parte sí que me impactó. Y tiene lógica, esos muchachos se acostumbran a vivir un estilo de vida ficticio y una vez que, por alguna razón, el subsidio se elimina, se ven obligados a endeudarse para mantener su estatus.
“Los hijos adultos que reciben donaciones en efectivo son más propensos que otros adultos a vivir anticipadamente de la herencia que finalmente recibirán. Son más propensos a pedir créditos. Y piden más créditos para el consumo que quienes no reciben subsidios económicos de sus padres”, agrega el estudio.
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Razón #4: Quienes reciben ayudas económicas de sus padres invierten mucho menos dinero que los que no las reciben: “En las encuestas, los receptores de ayudas económicas contestaron que invertían, anualmente, menos del 65% de lo que invertirían los que no recibían las ayudas”.
Razón #5: Quienes reciben ayudas económicas tienen menos agallas para desarrollar su propio músculo financiero. Es decir, generalmente, no son exitosos en sus emprendimientos y muy posiblemente nunca lleguen a ser libres financieramente.
Es muy sencillo, papá y mamá nunca les enseñaron a pescar, sino que les llevaron el pescado a su recámara, ya cocinado y en bandeja de plata.
Y aunque no lo crean todo ese mal inicia con las mesadas. No se pierda el artículo de la próxima semana donde les hablaré sobre el daño que ocasionan esas mensualidades. Además, les daré algunas ideas para enseñar a sus hijos a desarrollar su músculo financiero a partir de los 3 años de edad.
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