Por alguna extraña razón, uno de mis grandes anhelos al cumplir los 18 era invertir en la Bolsa de Valores. ¿A quién? en la pequeña Tiquicia (así le decimos de cariño a mi país Costa Rica), en el seno de una familia de clase media y sin ningún tipo de educación financiera tendría semejante ocurrencia, pues a mi, la futura Dra. Finanzas.

Apenas tuve cédula me presenté en el primer puesto de bolsa que me abriría sus puertas, con la mala noticia de que no tenía el dinero suficiente para invertir en quién sabe qué, pues no conocía, absolutamente, nada de instrumentos de inversión, ni horizontes, ni perfiles de riesgo. Ni nada. Era totalmente ignorante y arriesgada.

A los meses ya había ahorrado mi primer capital para invertir. Así que comencé mi  aventura como inversionista.  Tiempo después con esa plata y sus ganancias me compré mi primer ordenador, de color negro revolucionario (para ese momento en carisísimos). Y la magia de invertir, ganar y gastar me gustó.

Invertir, Ganar y Gastar

Esa fórmula tuvo sentido para mí. A los   22 años tenía inversiones, buen trabajo, un esposo, casa propia (con deuda), y un carrito, heredado por mis suegros. En fin, tenía toda una vida por delante para pensar en mi futuro. Así que decidí comerme el mundo a mis anchas y sentarme a esperar el futuro sin despeinarme.

Me creí inmensamente dichosa (que lo era). Pero nunca se me ocurrió pensar que llegaría a mis casi 50 y con muy poco dinero para la jubilación, pues no hice lo que ahora predico.

Tampoco pensé que un día me enfermaría, gravemente, y tendría que recurrir a los gastos médicos de primer nivel.

Jamás, ni por la mente me cruzó, que llegaría a estar en la bancarrota financiera. Y que a mis 30 y resto de años perdería mi primer empresa hasta quedarme sin un solo centavo en mi bolsillo.

Tampoco consideré que vendrían 3 hermosos hijos a quienes debía guardar para sus universidades y dejarles una herencia.

Me creí una super héroe financiera: eterna, poderosa, joven para siempre y  de algún modo, millonaria.

10 Síntomas del Síndrome del Súper Héroe Financiero

Acá te comparto algunos de los síntomas de que padeces ese peligroso síndrome. Te advierto, no es necesario tener 22 años para padecerlo. En este momento, podrías estar en tus casi 60 años y sufrirlo sin darte cuenta.

Síntoma 1: Constantemente usas la frase: «mañana veo como lo pago».

Síntoma 2: Confías más en un mañana mejor, sin detenerte a pensar si estás haciendo algo diferente para construir ese mañana mejor.

Síntoma 3: Te crees eterno y no necesitas cubrirte para una buena jubilación o para proteger tu salud.

Síntoma 4: No tenés un fondo de emergencia, de al menos 3 meses, para cubrir tus gastos mensuales en caso de que algo te suceda.

Síntoma 5: Vivís el día a día, de quincena a quincena.

Síntoma 6: Más del 30% de tus ingresos se te va en pagar deudas.

Síntoma 7: Debés los principales activos.

Síntoma 8: No tenés, al menos, una fuente de ingresos pasivos.

Síntoma 9: Aún cuando tenés un puesto ejecutivo alto, estás conforme con las inversiones en fondos administrados, alguna propiedad extra, por ahí.

Síntoma 10: Ni por la mente te pasa un negocio propio.

Si te pareció útil este artículo te pido, por favor, compartirlo con tu círculo de influencia y ayudarme en mi lucha contra la esclavitud financiera.

Y recuerda que ahora todos los jueves 7:00 pm (hora Costa Rica), tengo mi programa en vivo, por mi canal de you tube: Consultas con la Dra. Finanzas, para que traigas tus inquietudes.

Y Recuerda: Organízate, Invierte y Sé Libre

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