Amaneció silvando y sonriendo. Ese día el sol brillaba diferente. Algo así como un viernes en feriado. Puso su mejor música, se preparó unos huevos con tocineta, exprimió unas naranjas y devoró su desayuno. Hoy sería un gran día. Meses atrás había perdido hasta el modo de andar en un mal negocio y su hermano decidió, como regalo de cumpleaños, pagarle la totalidad de sus deudas. En menos de tres horas, Oscar Villalobos, sería totalmente libre de de los bancos o los bancos serían libres de él.

Oscar tenía deudas superiores a los US$100 mil. Entre tarjetas, préstamos personales y la hipoteca de un lote en Turrialba, la pesadilla se acabaría en breve. Por el contrario, el hermano de Oscar, es un hombre sumamente ordenado, tanto en su vida personal como con su billetera y siempre se caracterizó por sus éxitos como agente de bienes y raíces. Este mes vendió un par de propiedades adicionales a su meta, así que decidió ayudar a su hermano con el único propósito de quitárselo de encima y no ver sufrir a la madre de ambos.

No es la primera vez que hermano menor le salvaba la tanda a su hermano mayor, quien además también había resultado un desastre en el amor. Dicen las malas lenguas que a sus casi 40 años ha tenido más relaciones que Luis Miguel. La vez pasada su hermano salió al rescate porque se metió en un negocio de una panadería con otro socio. La panadería resultó muy exitosa, pero Oscar se la comió viva y su socio decidió seguir por su cuenta, dejando al señor Villalobos con una mano adelante y otra atrás.

¡Cuidado! con el "Síndrome del Beverly Rico"

Marita la Loquita

Marita es buenisísisma gente. Es de esas señoras que todo el mundo ama porque suelen ser muy serviciales. Su aire de niña inocente, su suave y agudo tono de voz, y su arduo trabajo al servicio de la comunidad, hacen que hasta el corazón más frívolo se derrita ante sus encantos, que por cierto, no son físicos, sino emocionales.

Pero este lindo personaje suele tener un defecto, del que nadie logra escaparse, le encanta pedir prestado. Marita pide para ayudar a Carmelita con el rezo del niño. Pide para comprarle el vestido de primera comunión a la hija de doña Julia, pues están con enredos económicos.

Pidió prestado para hacerle una fiestecita al orfanato de la comunidad. Pide plata para comprarle unos lentes nuevos a Santiago, un niño de 10 años, que tiene problemas en uno de sus ojitos. Y las cuentas suman  y suman. Por un lado pide para pagarle a unos deudores y se vuelve a endeudar para pagarle a otros. «Acepto» Determina tu Realidad Financiera

Ese comportamiento se convirtió en un estilo de vida. Al punto que en el barrio todo el mundo dice: «Esta tiene más facilidad para hacer algo, que Marita para pedir prestado».  Hoy las deudas de esta encantadora señora rebasan los US$1 mil dólares. Pero su hija mayor, gerente de recursos humanos de una Multi Nacional, decidió acabar, de una buena vez, con las deudas de su mamá, advirtiéndole, que su buen corazón no debe meter en aprietos económicos a nadie.

Don Andrecito

«Papá ¿por qué se compro esta colonia si tiene un closet lleno de fragancias y nunca las usa?», le dijo su hijo Francisco Ordoñez el día del cumpleaños de don Andrés.

Andrecito, como le dicen sus amigos, es un viejito de 85 años, super coqueto. Dicen que de joven era un roba corazones, pues tenía un encanto particular para convencer a las mujeres, una hermosa apariencia y olía delicioso.

12 hijos más tarde, don Andrés conserva sus aires de jovialidad, unos hermosos ojos celestes y su coquetería, responsable de mil y un enredos. Su hijo, en son de broma dice que va a escribir un libro llamado: «Los Enredos de Don Andrés». Además, de tener problemas de faldas, don Andrecito ha pasado los últimos 20 años, desde que se popularizaron las tarjetas de crédito, de meollo en meollo.  Con la ventaja de que sus ahorros, cuenticas por acá y guarditos por allá, lo sacaron adelante.

10 Monstruos Roba Dinero

La última vez, la torta fue tan grande, que sus 12 hijos tuvieron que reunirse para tomar cartas en el asunto y matar toda posibilidad crediticia de su tortero papa. Lo llevaron a los bancos a ponerle fin a las tarjetas. Ellos le hacen las compras del super y le dan su pensión, a cuenta gotas y en efectivo, para evitar nuevas locuras.

La Mujer de Abangares

Hace poco un grupo de una Iglesia junto platica, con muy buen corazón y buena voluntad, para ayudar a pagar las deudas de una mujer de Abangares. Esta señora, madre soltera, muy pobrecitica, tenía deudas superiores al millón de colones. Sigo sin entender cómo le sueltan esa cantidad de dinero a una persona viviendo en ínfimas condiciones y sin ingresos fijos, pero así son los bancos.

La Iglesia no solo le pagó las deudas, sino que les dieron regalos a los muchachos en Navidad. Y el argumento fue que debemos ayudar porque manos que dan nunca estarán vacías.

Jamás pondría en duda el corazón de los feligreses. Pero le estarían haciendo un bien o un mal….

¿A quién debo pagar las deudas?

Todos los casos mencionados son historias de la vida real. A todos se les pagaron las deudas de una u otra forma. Sin embargo, ¿se les debió ayudar a todos ellos, a cuál de ellos sí a cuáles no y por qué?… Eso es parte del análisis que hago en el siguiente artículo.

Las deudas, aunque Pastores y mentores, insistan que no son pecado, la verdad es que siempre Dios, en Su Palabra, las relacionó con algo negativo. Están  asociadas a juicio, a consecuencia de la desobediencia. Y en el Nuevo Testamento Dios hace un cierre magistral del tema cuando dice: «No debáis a nadie nada».

Así que en resumen las deudas NUNCA son buenas. Y tampoco debemos basar esta premisa en el término, mal usado por los profesores de administración de empresas, que dicen que el sobre endeudamiento es el que está mal, cuando en realidad, las mediciones de sobre endeudamiento pueden ser muy relativas y peligrosas. Alguien puede caer en esa sobre deuda de la noche a la mañana solo por quedarse sin trabajo.

Así que TODA deuda es mala y si son pecado porque esconden muchas desobediencias, entre éstas falta de confianza en la providencia Divina, Jactancia del día de mañana, Avaricia, pues quiero un nivel para el que mi billetera no está preparada, falta de auto control y dominio propio, etc, etc.

Dejando de lado la parte Bíblica vamos a concentrarnos en cuándo debo pagarle o no las deudas a alguien. Y mi respuesta solo tiene una excepción que explico más adelante. NUNCA NUNCA NUNCA debemos pagarle las deudas a nadie, porque lejos de ayudarlos estamos creándoles un vicio, estamos contribuyendo a fortalecer una serie de patrones conductuales que alterarán su capacidad de desarrollo financiero.

Raíces conductuales peligrosas

No soy psicóloga y jamás pretendo serlo. Toda mi explicación está basada en más de 7 años ayudando a  más de 1.500 familias. En más de 10 certificaciones que tengo como asesora en finanzas personales y a la limpieza de más de US$2.500.000 en deudas en familias de, prácticamente, toda Centroamérica.  Y porque a Dios en su Soberana Voluntad, le plació ponerme a las personas correctas a enseñarme estos principios y a transmitírselos a todos ustedes.

Después de tener a mil último bebé,  quien ahora tiene 10 años, me costó muchisísimo bajar a mi peso normal (55 kilos) y un porcentaje de grasa del 20%. Mi pequeño estaba a punto de cumplir 8 años y yo seguía estancada y desesperada, pues siempre había sido bien escuálida y ahora  pesaba 63 kg y un porcentaje de grasa superior al 26%.

Abandoné a mi nutricionista, quien había estado conmigo por más  de 10 años. Di vueltas y vueltas hasta que llegué a un doctor en metabolismo, quien en menos de un trimestre, ya me tenía en los 55% kg y en un 20% de grasa. Con el único inconveniente que comía lo mismo y lo mismo, prácticamente todos los días.

Finalmente, encontré la raíz de todos mis males. Había acumulado en todo mi cuerpo, el famoso hongo cándida. Que no solo impedía bajar mi peso, sino que me había provocado diferentes tipos de cáncer. Cuando descubrí la raíz. ¿Adivinen qué hice?… iniciar mi tratamiento para eliminar el  hongo cándida. Y ahora mantengo mi peso en 55kg y mi porcentaje de grasa en un 22%, comiendo de todo y feliz.

Asi mismo sucede con las enfermedades de la billetera. Hay que encontrar la raíz de todos los males.   De nada sirve que les paguemos las deudas a los amigos o familiares y nos demos con una piedra por el pecho por nuestro buen corazón samaritano, cuando lejos de ayudar estamos acrecentando el problema.

En realidad, solo les estamos dando una ayuda temporal. Porque muy pronto, en lo que usted se voltea, todos ellos volverán a caer en el error de la deuda. En muchas ocasiones, el endeudamiento se vuelve patológico, adictivo y se convierte en una enfermedad conductual como cualquier otra.

Las personas sienten adrenalina al deslizar su tarjeta por  el datáfono y más cuando les llegan los estados de cuenta y no pueden pagarlos. Muchos sienten placer y emoción. Pero ninguna responsabilidad por salir del meollo porque aprendieron el arte de ginetear las deudas y sus ingresos.

Algunas de las raíces que más daño hacen son:

  1. Falta de perdón.
  2. Falta de dominio propio.
  3. Adiciones.
  4. Pornografía.
  5. Infidelidad.
  6. La queja.
  7. El sentirse pobrecito.
  8. Deseo de llamar la atención y causar lástima.
  9. Avaricia.
  10. Envidia.
  11. Baja auto estima.
  12. Presión social.

Solo por mencionar algunas cuantas. Si realmente quiere ayudar a alguien con deudas,  lo primero que se debe hacer es identificar los hongos de la billetera. Una vez que estos hongos están limpios, la persona descubrirá que, efectivamente, tiene muchos problemas y se propondrá a trabajar en ellos.

Automáticamente, cuando las personas se enfrentan a sus problemas conductuales y trabajan sobre ellos, sus billeteras comienzan a limpiarse  de los hongos. Ellos mismos hacen hasta lo imposible por limpiar sus deudas y sucede lo más precioso de todo: deciden, de una vez por todas, mantenerse sobrios de la deuda. Y es en ese momento, cuando comienzan a crecer financieramente.

La Excepción

Cuál es la única excepción que yo permito si usted quiere saldar las deudas de otra persona, es cuando se trata de sus papitos y ellos ya son muy mayores. La verdad es que a sus 70 años en adelante nadie los va a hacer cambiar.

Y una deuda podría traerles muchos dolores de cabeza, preocupaciones y deteriorarles  la salud y su calidad de vida. Así que si usted tiene la posibilidad de que sus papitos disfruten su última décadas en paz, no lo piense dos veces, vaya y págueles todo.

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Y Recuerda: Organízate y Sé Libre

 

 

 

 

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